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Cristina Peri Rossi: «El imaginario que despierta la palabra «exiliado» es masculino. Pocas mujeres escritoras se exiliaron para no sufrir una doble discriminación: sudamericana y escritora.»

Cristina Peri Rossi es una escritora clave de la literatura en castellano. Ha escrito ensayo, novela, cuento y poesía, creando una obra en la que reflexiona en profundidad sobre temas como el amor, el deseo y el exilio.

¿Cómo definirías el deseo?

No existe “el deseo” sino deseos, diferentes, múltiples y en cada caso son la expresión de nuestra subjetividad. Tal es así que a nadie se le ocurre preguntar “por qué a Laura le gusta Ester». Partimos de la base de que el deseo no es «razonable», sino íntimo, personal e intransferible. Por otro lado, la industria intenta imponernos deseos de consumo múltiples y colectivos, «marcas» y esto es igual para un auto que para una canción.
Por tanto, hay un deseo social diferente al sexual, como hay otros deseos (dinero, fama, éxito) no sexuales, aunque a veces se erotiza hasta el dinero.

¿Cómo crees que afecta la tensión entre haberte educado en una sociedad heteropatriarcal y haber vivido tu deseo no hetero y no vinculado directamente a los hombres?

Hasta 1973 la asociación Internacional de psiquiatría consideraba que la homosexualidad era una enfermedad mental, por tanto, un deseo no heterosexual era estar loca. El psicoanálisis no mejoró mucho las cosas, porque considera que las mujeres sienten envidia del pene (literal y simbólica) y que la madurez psíquica de una mujer es el orgasmo vaginal. El sufrimiento, la angustia, la represión, los suicidios, la soledad que todo esto causó son incalculables. La sexualidad, como otras manifestaciones del patriarcado, consideraba a la mujer como reproductora, ama de casa u objeto sexual. Electroshocks, comas insulínicos, matrimonios a la fuerza, hospitalizaciones de por vida…esos eran los instrumentos de castigo para el deseo lesbiano.
Muchísima represión y muchísimo dolor. Y discriminación. Pero siempre hay alguien que lucha y sufre y se levanta. Soy completamente consciente del papel que he jugado con mi obra, con mi vida y de las discriminaciones que he sufrido. Conozco otras escritoras que por no pagar ese precio viven ocultando sus relaciones, como si fueran machos adúlteros y la sociedad las halaga, las premia, las reconoce. Hacen como si… la sociedad (o sea, el patriarcado) siempre preferirá a una lesbiana oculta a una asumida, a la cual le reprochará, además, no ocultarse.

EL PATRIARCADO SIEMPRE PREFERIRÁ A UNA LESBIANA OCULTA A UNA ASUMIDA, A LA CUAL LE REPROCHARÁ, ADEMÁS, NO OCULTARSE

En tus poemas y en tus cuentos das importancia al vínculo madre-hija. ¿Qué ha significado este vínculo para ti?

El vínculo madre e hija me parece decisivo ya sea para transmitir el modelo de sumisión, para castigar la heterodoxia y para sostener los roles estereotipados.

En tu obra el amor es intenso, libre, sensual e infiel. ¿Nos puedes contar qué es para ti el amor y cómo ves la “pareja”?

Las mujeres somos el sostén aún del amor equivocado, del que nos frustra, como del que nos hace convertirnos en madres de nuestras madres en la vejez. No existe en el mundo mayor capacidad de asumir diferentes roles que la afectividad y la ternura de las mujeres. Y su capacidad de establecer relaciones horizontales, no jerárquicas. También hay muchas mujeres machistas, que protegen a sus hombres o hijos porque tienen miedo, porque admiran el falo o solo se sienten mujeres si son deseadas por un hombre.
La palabra pareja tiene tantas acepciones y formas que me confunde.

LAS MUJERES SOMOS EL SOSTÉN AÚN DEL AMOR EQUIVOCADO, DEL QUE NOS FRUSTRA (…) NO EXISTE EN EL MUNDO MAYOR CAPACIDAD DE ASUMIR DIFERENTES ROLES QUE LA AFECTIVIDAD Y LA TERNURA DE LAS MUJERES. Y SU CAPACIDAD POR ESTABLECER RELACIONES HORIZONTALES, NO JERÁRQUICAS.

Las mujeres han consumido siempre mucha literatura erótica y romántica, a pesar de ser considerado siempre un género menor. ¿De dónde crees que viene este interés por lo erótico/romántico? ¿Te interesa a ti esta literatura?

De chica leía todo lo que caía en mis manos y por supuesto, leía las historias de amor de las revistas Maribel, Para ti y otras. Idealizaban a las esposas, a las madres, las mujeres siempre eran comprensivas, tiernas, dulces, delicadas, perdonaban y amaban sin pedir nada. Me fascinaban. Seres humanos con todas las virtudes. Admirables. La mayoría de las veces sigue siendo así.
Hasta que leí El segundo sexo de Simone de Beauvoir y aprendí el coste que esos papeles tenían y que podíamos ser algo más que abnegadas.
Cortázar me contaba cómo le gustaba leer a Corin Tellado y lo bien que se lo pasaba, yo creo que una lectura actual de alguna de sus miles de novelas podría ser diferente, pero tampoco hay ninguna necesidad.

Durante las dictaduras en Latinoamérica muchos escritores se exiliaron a Europa y en particular muchos a Barcelona. Sin embargo, más allá de ti, no conocemos a escritoras que hicieran lo mismo. ¿Se exiliaron ellas también y se ocultó su exilio o no llegaron a salir de sus países?     

 Buena pregunta. He reflexionado sobre el tema muchas veces aunque no he escrito sobre él. En primer lugar, el número de escritoras era muchísimo menor que el de hombres, y en segundo, el imaginario que despierta la palabra «exiliado» es masculino. El protagonista de mi novela La nave de los locos, el exiliado Equis, solo podía ser hombre, porque en el imaginario colectivo (que es muy simplificador) se exilian los varones, acompañados o no por una mujer. Aunque hubo muchísima militancia de mujeres, ya sabemos cuál era su destino si no conseguían escapar: desaparición, violación, tortura, embarazo y muerte. Casi siempre la mujer era la «compañera,» no la que tomaba las decisiones. Y ser escritora era visto como un vicio pequeño burgués, la revolución era la iglesia y ya sabemos qué papel juegan las mujeres en la iglesia.

Pocas mujeres escritoras se exiliaron para no sufrir una doble discriminación: sudamericana y escritora.Mis libros y la mención de mi nombre estuvieron prohibidos durante toda la dictadura (por razones políticas) y después, el retorno ha sido imposible, porque a pesar de mi intensa lucha contra la dictadura uruguaya que me obligó a exiliarme dos veces (también del franquismo) luego no hubo un reconocimiento de mis derechos como exiliada. Recién ahora se publican mis últimos libros y me han designado miembro de la Academia Nacional de Letras. Pero escritora oculta escritora de culto.

En España a Lispector se la ha considerado hasta hace unos años, como una escritora de segunda. ¿Por qué crees que ha sido esto y qué te llevó a traducirla?

Durante muchos años luché para traducir y publicar a Clarice Lispector en España y di cursos sobre ella, pero no conseguí interesar a nadie, hasta que una alumna mía dirigió durante un tiempo una editorial y me pidió que la tradujera. Creo que Clarice es una escritora verdaderamente mujer, difícilmente su percepción, su sensibilidad podrían ser masculinas. Es tan tan subjetiva que resulta una empresa difícil traducirla, siempre se nos escapa el «toque lispector».No tuvo muchos lectores en España, donde se prefiere el realismo y el naturalismo.

¿Nos puedes hablar de tu amistad con Ana María Moix? ¿qué significó para ti?

En mi libro Estado de exilio (Premio Rafael Alberti, editorial Visor, Madrid) toda la segunda parte «correspondencias con Ana María Moix» escribo sobre nuestra amistad y las afinidades y diferencias que existían. Nos teníamos afecto y creo que es una de las pocas personas generosas que conocí en esta ciudad.

 

 

BEATRIZ EFE Y ALBA PÉREZ

 

 

LO IMPRESCINDIBLE

Uno aprende que lo imprescindible
no eran los libros
no eran los discos
no eran los gatos
no eran los paraísos en flor
derramándose en las aceras
ni siquiera la luna grande -blanca-
en las ventanas
no era el mar arribando
su rumia rompedora en el malecón
ni los amigos que ya no se ven
ni las calles de la infancia
ni aquel bar donde hacíamos el amor con la mirada.

Lo imprescindible era otra cosa.

SI EL LENGUAJE…

Si el lenguaje
este modo austero
de convocarte
en medio de fríos rascacielos
y ciudades europeas
Fuera
el modo
de hacer el amor entre sonidos
o el modo
de meterme entre tu pelo

EL VIAJE

Mi primer viaje
fue el del exilio
quince días de mar
sin parar
la mar constante
la mar antigua
la mar continua
la mar, el mal
Quince días de agua
sin luces de neón
sin calles sin aceras
sin ciudades
sólo la luz
de algún barco en fugitiva
Quince días de mar
e incertidumbre
no sabía adónde iba
no conocía el puerto de destino
sólo sabía aquello que dejaba
Por equipaje
una maleta llena de papeles
y de angustia
los papeles para escribir
la angustia
para vivir con ella
compañera amiga

Nadie te despidió en el puerto de partida
nadie te esperaba en el puerto de llegada
Y las hojas de papel en blanco enmoheciendo
volviéndose amarillas en la maleta
maceradas por el agua de los mares

Desde entonces
tengo el trauma del viajero
si me quedo en la ciudad me angustio
si me voy
tengo miedo de no poder volver
Tiemblo antes de hacer una maleta
-cuánto pesa lo imprescindible-
A veces preferiría marcharme
El espacio me angustia como a los gatos
Partir
es siempre partirse en dos.

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