0

Phyllis Chesler: «Fuimos ilusas. Muchas feministas radicales nunca pensaron en su carrera profesional o en ganar y ahorrar dinero. Cuando se hicieron mayores, afrontaron la pobreza»

¿Cómo encontrar espacios de diálogo respetuoso en medio de profundos desacuerdos dentro de un marco feminista común? ¿Cómo conjugar la valoración de la contribución de las autoras y activistas de las que tanto hemos aprendido y que nos han abierto caminos tan importantes, con las tensiones que generan los debates candentes de nuestro tiempo en torno a la identidad, el cuerpo y, cómo no, el sujeto del feminismo? Estas preguntas y estas tensiones han aparecido en la conversación que hemos mantenido con Phyllis Chesler, una autora esencial de la Segunda Ola estadounidense, de quien se acaba de traducir Mujeres y locura (2019, Continta me tienes). Hemos hablado con ella sobre amistad entre mujeres, su relación con Kate Millett, las enseñanzas del activismo de los setenta y, por supuesto, de su visión como feminista radical de las reivindicaciones de las personas trans. No estamos de acuerdo con muchos de sus planteamientos y, sin embargo, admiramos la aportación que supuso su obra clásica sobre la representación de la «locura» en las mujeres. Nos provoca desasosiego, cuando no malestar. Pero solo a partir de su escucha, podemos construir nuestro desacuerdo.

Amistad

 Hace dos años perdimos a nuestra querida Kate Millett, una buena amiga suya. ¿Qué significó esa amistad para usted?

Escribo sobre ella en «Una feminista políticamente incorrecta», un texto que leí en parte durante el homenaje en su funeral. Kate fue «el» símbolo de la Segunda Ola del Feminismo en América. Fue un icono un poco antes que yo. Su aprobación y apoyo significó mucho para mí, aunque ella era en ocasiones bastante difícil desde un punto de vista psicológico. Kate era muy eurocéntrica y una orgullosa persona de izquierdas, pero a medida que el tiempo pasó (sin duda, después de su arresto por Jomeini y después de muchas conversaciones compartidas tras mi estancia en Afganistán[1]), ella formó parte de un puñado de feministas que comprendieron la naturaleza del Islam/Islamismo y la situación de las mujeres, los disidentes y la población gay bajo el régimen islámico y fundamentalista de nuestro tiempo.

LA APROBACIÓN Y EL APOYO DE KATE SIGNIFICARON MUCHO PARA MÍ, AUNQUE ELLA ERA EN OCASIONES BASTANTE DIFÍCIL DESDE UN PUNTO DE VISTA PSICOLÓGICO

En su opinión, ¿hay alguna característica diferencial que defina la amistad entre mujeres feministas?

Para bien o para mal, tendemos a hacernos amigas de otras feministas que piensan de manera similar a nosotras. Como la mayoría de las mujeres, las feministas estamos más a gusto con quienes sentimos una afinidad ideológica, política, filosófica… Incluso en Mujeres y locura[2] hice un llamamiento a las mujeres para aprender no solo a tolerar sino a celebrar nuestras diferencias. He sido capaz de ser amiga o de respetar a feministas con quienes he estado en profundo desacuerdo en asuntos importantes: desde la prostitución a la pornografía, pasando por la política exterior. No obstante, a veces es muy difícil y terminas por adoptar un comportamiento educado en el que evitas los temas más difíciles.

PARA BIEN O PARA MAL, TENDEMOS A HACERNOS AMIGAS DE OTRAS FEMINISTAS QUE PIENSAN DE MANERA SIMILAR A NOSOTRAS. COMO LA MAYORÍA DE LAS MUJERES, LAS FEMINISTAS ESTAMOS MÁS A GUSTO CON QUIENES SENTIMOS UNA AFINIDAD IDEOLÓGICA, POLÍTICA, FILOSÓFICA.

En otras palabras, ¿qué introduce un marco feminista compartido en las relaciones entre mujeres?

Buena pregunta. Desafortunadamente, tal y como he debatido y documentado en mi libro Woman’s Inhumanity to Woman [La falta de humanidad de la mujer hacia la mujer][3], un libro que muchas feministas me pidieron no publicar, la creencia en el feminismo no da lugar necesariamente a que las mujeres se respeten más unas a otras o se comporten de una manera más ética entre ellas. Las mujeres, incluyendo a las feministas, hemos asumido valores patriarcales, que debemos combatir cada día. Pero, primero, debemos reconocer que esto es así, que la envidia y los chismorreos destruyen a las mujeres; que las mujeres, incluyendo las feministas, son altamente competitivas y agresivas hacia otras mujeres, y quizá no lo sean en la misma medida hacia los hombres. En ocasiones, por supuesto, las mujeres feministas se apoyan y se quieren entre sí, tal y como ocurre entre las mujeres que no abrazan el feminismo. En ocasiones, las mujeres feministas trabajan en alianza para alcanzar grandes metas.

La segunda ola

¿Crees que estamos en «una cuarta ola» feminista? Si es así, ¿cuáles son sus características y sus reivindicaciones?

¿Qué creeis que representa la Tercera Ola? Creo que las ideas y los análisis radicales y visionarios de la Segunda Ola han empoderado al activismo posterior. También que las mejores ideas de la Segunda Ola se han enterrado por una obsesión con el posmodernismo, el poscolonialismo y los derechos transgénero. Se han olvidado los derechos de las mujeres y hay menos énfasis en las violaciones, el acoso sexual, la violencia de género, el lesbianismo, la pornografía, la prostitución, etc. El trabajo de la Segunda Ola continúa ahora con el movimiento #MeeToo sacando a la luz casos de celebridades masculinas como depredadores sexuales. Podemos ver lo protegidos que están, lo difícil que es lograr  justicia. Pero además,  todavía no se está llevando a juicio a los responsables de las fábricas o de la agricultura ni tampoco a los empleados de las oficinas que son unos desconocidos. Y se ha escrito aún muy poco sobre aquellos que colaboran o encubren.

¿Cuál fue para ti el efecto más durarero de la segunda ola?

Cada vez más mujeres han influido en todos los bastiones de poder masculinos como la política, el derecho, el poder judicial, la medicina, la ciencia, el trabajo obrero; las mujeres se han convertido en mujeres expertas en psicología, psiquiatría, ginecología. También hemos visto una enorme reacción y retroceso. Los juguetes de los niños se clasifican ahora de acuerdo al género; Las famosas conducen a las niñas y a las mujeres a andar medio desnudas- vestidas como «chicas de la noche»- O, todo lo contrario. Más mujeres son forzadas a llevar el velo islámico y forzadas a tener matrimonios concertados mientras las feministas occidentales más privilegiadas dicen que esto son derechos feministas y religiosos. Las muertes por honor son pandémicas- una forma de feminicidio- pero muchas feministas occidentales se niegan a admitir esto por miedo a ser etiquetadas de racistas o islamófobas.

¿Por qué seguimos necesitando las narrativas feministas del feminismo radical?

Porque son verdad y tienen el potencial de hacer libres a las mujeres.

¿Qué echas de menos (en términos políticos/activistas) de aquel periodo de tiempo?

Nada. Fuimos ilusas, creíamos que crearíamos una revolución en una década y veríamos todos los cambios durante nuestra vida. Muchas feministas radicales nunca pensaron en su carrera profesional o en ganar y ahorrar dinero. Cuando se hicieron mayores, afrontaron la típica pobreza femenina, la enfermedad sin cobertura médica. Afrontaron la condición femenina a pesar de su activismo honesto y joven.

Personas trans

«Cuál es el sujeto del feminismo» ha sido uno de los temas más controvertidos del debate feminista durante décadas. A día de hoy somos testigos de un debate importante sobre el rol de las mujeres trans (o personas no binarias) en el movimiento feminista y sus demandas. ¿Puedes exponer tu punto de vista sobre esto?

Las feministas radicales siempre han sido acosadas por insistir en la idea de que los hombres y las mujeres son distintos. Que los derechos transgénero tienen poco que ver con los derechos de las mujeres; los hombres y mujeres transgénero están exacerbando toda la presión que las mujeres biológicas tienen que obedecer y llevando el estereotipo a niveles nuevos.

[1] Kate Millett viajó a Irán en 1979 como parte de su activismo a favor de los derechos civiles. Dejó testimonio de su estancia en el libro Going to Iran (1981), inédito en castellano. Phyllis Chesler se casó en 1961 con un hombre de fe musulmana, que conoció en Estados Unidos. Tras la boda, se instalaron en Afganistán, donde la autora documentó el denigrante trato recibido como mujer y como esposa. Chesler deja constancia de parte de esta vivencia en el documental «Retratos del feminismo» (2018), disponible en la plataforma Netflix.

[2] Mujeres y locura (2019), Continta me tienes; traducción de Matilde Pérez.

[3] Libro inédito en castellano, publicado en 2002.

SILVIA LÓPEZ Y ALBA PÉREZ

Fotografía: JOAN ROTH y McDOWELL

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *